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El hombre es un animal fantasioso. Desde que nacemos nos enseñan con cuentos y fábulas a través de las cuales se nos intenta inculcar unos valores y la creencia final de que la vida tiene guardado finales felices para nosotros.

Cuando empezamos a dar nuestros primeros pasos, sentimos el dolor de una caída, la frustración cuando no nos dejan hacer o no nos dan algo que queremos. Y nuevamente, nuestros mayores nos consuelan mediante entretenimientos que nos invitan a vivir en un mundo mental de fantasías donde nos sentimos a gusto.

El miedo al mundo real

Fantasear no es malo, nos permite desarrollar una de nuestras herramientas más importantes, la creatividad. Sin embargo, pronto nos daremos cuenta de que en el mundo real las cosas nunca suceden tal y como las imaginamos. Es aquí donde a menudo nace el miedo a vivir. Hay adultos que conservan ese hábito y permanecen sumergidos en sus mundos de fantasías, donde ya no hay dragones, castillos y princesas, pero seguimos esperando finales idealizados. Pasamos tanto tiempo soñando, planificando, deseando, esperando y volviendo a soñar que se nos pasa la vida sin vivir una vida real.

Ese mundo imaginado que, como hemos dicho, ya no es el imaginario escenario infantil pero ejerce el mismo efecto en nosotros, es lo que podemos denominar zona de confort. En ocasiones esta zona de confort ni siquiera nos aporta felicidad e incluso es posible que nos traiga dolor y angustia. Pero al menos es un terreno conocido para nosotros y estando en él, podremos seguir soñando mientras nos sentimos a salvo.

Tenemos tanto miedo a lo desconocido que preferimos quedarnos anclados en la infelicidad antes que atrevernos a experimentar. El principal miedo que tenemos es el temor a ser rechazados, a ser abandonados, a no cumplir las expectativas de los demás. Crecemos dentro de unos patrones en los cuales tratamos de encajar porque eso esperan de nosotros la familia, los amigos, nuestro entorno. De este modo nunca lograremos saber quiénes somos realmente y qué es lo que de verdad queremos.

El coaching para saber quién soy

Hay talleres como el Lego Serius Play y el coaching con caballos de Equhos, basados en la experiencia y la realidad que nos permiten conocernos mejor a nosotros mismos. Si te estás preguntando por qué deberías hacerlo, solo te diremos: ¿has visto cuántas personas cuando llegan a ancianas se arrepienten de no haber intentado alguna cosa en su vida?

Quienes deciden apostar por el mundo real y experimentar las vivencias no tendrán este sentimiento de vacío que se da por haber fracasado. Cierto que habrán sufrido fracasos, pero también éxitos. Porque la vida no es otra cosa que una suma de experiencias. Quien no experimenta es como el niño que nunca se hubiera atrevido a levantarse de la cuna y nunca habría aprendido a gatear, ni por supuesto a caminar. Las experiencias o vivencias son la única brújula y el único bastón para tener una vida plena. Un coach puede enseñarte el camino a seguir y tú decidirás si caminas o continuas en tu mundo mental o irreal. ¡Te esperamos!